El grupo específico al que va dirigida la accesibilidad no es el de personas con discapacidad. La accesibilidad nos afecta a todos. Cuando la accesibilidad es buena nadie repara en ella, pero si es mala algunos perderán completamente la posibilidad de acceder a la información, otros tendrán problemas graves para leer y entender el contenido y el resto quedará ligeramente irritado.
Las opiniones difieren en lo referente al nivel de dificultad para discernir palabras que se debe tener para ser clasificado como disléxico, y muchas personas con dificultades visuales no desean de ningún modo que se les califique como discapacitadas. Las lesiones cervicales por colisión posterior, los dolores causados por el uso del ordenador y las dificultades de concentración causadas por la medicación constituyen otros problemas de difícil definición que influyen en la capacidad de las personas para acceder a la información digital.
Si a esto le añadimos una población cada vez más envejecida y todas las personas para las que el sueco es su segunda lengua, la cantidad de usuarios de internet que encuentra dificultades resulta mucho mayor. Se calcula que en la Unión Europea existen 37 millones de personas con discapacidades, pero la mayoría de quienes navegan por internet entran en contacto con la accesibilidad, para bien o para mal, dentro de su actividad diaria.
Ante cualquier aspecto que desee conocer sobre la accesibilidad, no dude en ponerse en contacto con nosotros.
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